Esta tarde está cayendo cálidamente, y así ya ha pasado una semana más lejos de las aulas, dentro de las casas de nuestros alumnos....
Muchos estamos reflexionando sobre nuestros alcances obtenidos, quizás sentimos preocupación por aquellos papás que se molestaron por las tareas, o por las veces que la comunicación en línea nos falló esta semana....
Es momento de soltar la tensión de la razón y dejar respirar un poco nuestro hemisferio cerebral derecho para que imagine, sea creativo, y en todas las alegrías que recoja, nos recargue de energía...
Siempre es buen momento para compartir un cuento, ahora en esta tarde de viernes, después de permitirme un respiro y un descanso, he escrito este cuento para ti...
Dicen que hace muchos mundos, el hada reina buscaba encontrar un alma fuerte para depositar en ella los siete cofres de la sabiduría ...
Buscó, tanto en el mundo mágico,como en los mundos poblados por mortales.
Un día, con sus ojos cansados de ver siempre seres afines, débiles y en decadencia, se sentó en la copa de un frondoso y fresco árbol y desde ahí pudo observar a lo lejos destellos de energía vibrante, tan sonora como nunca antes lo había presenciado.
Asi que no dudó en volar de inmediato hacia dónde la luz la guiaba, y ahí, justo ahí te encontró, te miro a los ojos, y con los suyos sabios y viejos te dijo: “Te he esperado por tantos mundos, ahora que te encuentro te entrego este legado, lo deposito en tu alma para que en su sabiduría sepa que hacer... “ y justo así, con sus tibias y pequeñas manitas, coloco los cofres de la sabiduría en tu pecho.
Estoy segura que si te escogió a ti fue por algo muy especial, y también se que está noche la sabiduría del mundo mágico te regalara un apacible descanso lleno de experiencias maravillosas. Oro para que mañana las puedas recordar!!
Descansa entre polvo de hadas y luciérnagas brillantes.
Tu amiga Mtra. Naty Fernández
viernes, 24 de abril de 2020
jueves, 16 de abril de 2020
Cuento para reflexionar sobre nuestra labor docente
Estimados lectores, estamos sin duda alguna viviendo una experiencia sin precedentes. Por primera vez una contingencia de salud ha llevado a las autoridades a cerrar las aulas para proteger el bienestar de la comunidad educativa.
Esta por demás especular al respecto, sabemos que como académicos y/o directivos de instituciones debemos adaptarnos a los lineamientos de la Secretaría de Educación Pública y es por ello que hasta el momento, hemos dado seguimiento al avance de las clases por los medios virtuales que nos han resultado posibles.
Les comparto con gusto este cuento que escribí para reflexionar y no olvidar lo que somos, no perdernos en este pantano de incertidumbre y trabajo desorientado.
*Kunang vivía en un pantano que estaba en uno de los bosques más frondosos de México. Todos los días al anochecer, Kunang se divertía volando y alumbrando con su luz la oscuridad, además, le gustaba ver su reflejo brillante en el agua. Como seguramente ustedes saben, las luciérnagas macho pueden volar y alumbran, por un proceso orgánico propio de su especie, la parte inferior de su vientre generando una luz cálida. Las hembras también producen luz, pero por su naturaleza, están diseñadas para realizar otras funciones distintas a volar.
Kunang se recostaba en las hojas de los árboles para observar el cielo lleno de estrellas, mientras, se preguntaba cómo hacían las estrellas para mantener su luz constantemente radiante.
Él se maravillaba tan sólo de pensar en ello. Se quedaba absorto mirando el cielo por largos ratos y pensaba en cómo sería posible que una luciérnaga pudiera producir más luz, no sólo en la parte inferior de su cuerpo, sino al frente, una luz que les permitiera alumbrar el camino con anticipación y más ampliamente.
Un día mientras Kunang dormía tuvo un sueño extraño, soñó que una estrella bajaba del cielo hasta el pantano; era tan sorpresiva y paralizante su emoción al ver tanta luz, tanto resplandor, que se quedó extasiado con la belleza y magestuosidad y sus pequeños ojos apenas podían permanecer abiertos...
La estrella se acercó a Kunang y tocó su pequeño pecho a la altura de su corazón. Eso fue algo grandioso, él sentía cómo se llenaba de calor su cuerpo, cómo lo invadía una fuerza extraordinaria y lo recorría por todo su ser.
Después de unos segundos la estrella se fue elevando poco a poco sin perder de vista a Kunang, hasta que se posó en el cielo azul turquesa.
Cuando nuestro pequeño amigo Kunang despertó al amanecer, ¡Wow! No lo podía creer, había vivido un sueño sensacional. Tocó su pecho y sintió algo raro... Voló en busca de alimento y al hacerlo, sintió sus alas más fuertes, incluso volaba más rápido. Definitivamente algo estaba ocurriendo en él...
Simplemente no era el mismo.
Ese día al anochecer Kunang esperó con ansía ver el cielo estrellado, pero una capa de neblina cubrió al pantano y era imposible mirar estrella alguna.
Al poner una de sus patitas sobre su pecho, Kunang sintió como un halo delgado de luz emergía de él. Lo hizo nuevamente y sorprendido descubrió que esa luz que emergía de su corazón se quedaba en sus patitas después de tocarla. Y aquí la gran interrogante: ¿Había logrado Kunang la forma de producir más luz, se había hecho realidad su sueño?
Él sentía que el corazón le latía fuertemente, lo intentó otra vez y la luz se quedaba en sus patitas... Se elevó volando y mientras lo hacía, con el impulso de su corazón logró extender la luz por todo su cuerpo, era como si brillara completamente, podía iluminar claramente el camino antes de recorrerlo. Así continuó su vuelo sin parar, se sentía lleno de una fuerza especial. Era como si con la ayuda de su corazón pudiera proyectar toda la fuerza de su especie contenida en la parte inferior de su abdomen y extenderla o difuminarla ampliamente hacia zonas que nunca antes otras luciérnagas habían descubierto.
¿Sabes? Yo pienso que algunas de esas estrellas están muy cerca de nosotros, incluso pudiera ser que estén aquí dentro, y sólo necesitan que las dejemos salir. ¿No lo crees?
¿Qué más será necesario para proyectar con fuerza nuestra labor docente en este momento?
Quizás sea más sencillo de lo que parece, y así como Kunang logró hacer realidad su sueño, muy probablemente nosotros alcancemos no sólo a iluminar nuestro corazón que late por enseñar, sino también a hacer que nuestra luz sea tan brillante que podamos despejar la bruma de cualquier pantano, por densa que sea.
Volemos por las aulas esta noche y tomemos aquello que necesitamos para comenzar a hacer corta la distancia entre nuestros estudiantes y nosotros; que el polvo de las estrellas nos permita ver con claridad cómo estar tan cerca de nuestros alumnos que ellos mismos lo puedan sentir.
Por una enseñanza ONLINE cálida e integrativa.
El lunes compartiré un artículo con ese encabezado.
Tu amiga. Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín
Esta por demás especular al respecto, sabemos que como académicos y/o directivos de instituciones debemos adaptarnos a los lineamientos de la Secretaría de Educación Pública y es por ello que hasta el momento, hemos dado seguimiento al avance de las clases por los medios virtuales que nos han resultado posibles.
Les comparto con gusto este cuento que escribí para reflexionar y no olvidar lo que somos, no perdernos en este pantano de incertidumbre y trabajo desorientado.
*Kunang vivía en un pantano que estaba en uno de los bosques más frondosos de México. Todos los días al anochecer, Kunang se divertía volando y alumbrando con su luz la oscuridad, además, le gustaba ver su reflejo brillante en el agua. Como seguramente ustedes saben, las luciérnagas macho pueden volar y alumbran, por un proceso orgánico propio de su especie, la parte inferior de su vientre generando una luz cálida. Las hembras también producen luz, pero por su naturaleza, están diseñadas para realizar otras funciones distintas a volar.
Kunang se recostaba en las hojas de los árboles para observar el cielo lleno de estrellas, mientras, se preguntaba cómo hacían las estrellas para mantener su luz constantemente radiante.
Él se maravillaba tan sólo de pensar en ello. Se quedaba absorto mirando el cielo por largos ratos y pensaba en cómo sería posible que una luciérnaga pudiera producir más luz, no sólo en la parte inferior de su cuerpo, sino al frente, una luz que les permitiera alumbrar el camino con anticipación y más ampliamente.
Un día mientras Kunang dormía tuvo un sueño extraño, soñó que una estrella bajaba del cielo hasta el pantano; era tan sorpresiva y paralizante su emoción al ver tanta luz, tanto resplandor, que se quedó extasiado con la belleza y magestuosidad y sus pequeños ojos apenas podían permanecer abiertos...
La estrella se acercó a Kunang y tocó su pequeño pecho a la altura de su corazón. Eso fue algo grandioso, él sentía cómo se llenaba de calor su cuerpo, cómo lo invadía una fuerza extraordinaria y lo recorría por todo su ser.
Después de unos segundos la estrella se fue elevando poco a poco sin perder de vista a Kunang, hasta que se posó en el cielo azul turquesa.
Cuando nuestro pequeño amigo Kunang despertó al amanecer, ¡Wow! No lo podía creer, había vivido un sueño sensacional. Tocó su pecho y sintió algo raro... Voló en busca de alimento y al hacerlo, sintió sus alas más fuertes, incluso volaba más rápido. Definitivamente algo estaba ocurriendo en él...
Simplemente no era el mismo.
Ese día al anochecer Kunang esperó con ansía ver el cielo estrellado, pero una capa de neblina cubrió al pantano y era imposible mirar estrella alguna.
Al poner una de sus patitas sobre su pecho, Kunang sintió como un halo delgado de luz emergía de él. Lo hizo nuevamente y sorprendido descubrió que esa luz que emergía de su corazón se quedaba en sus patitas después de tocarla. Y aquí la gran interrogante: ¿Había logrado Kunang la forma de producir más luz, se había hecho realidad su sueño?
Él sentía que el corazón le latía fuertemente, lo intentó otra vez y la luz se quedaba en sus patitas... Se elevó volando y mientras lo hacía, con el impulso de su corazón logró extender la luz por todo su cuerpo, era como si brillara completamente, podía iluminar claramente el camino antes de recorrerlo. Así continuó su vuelo sin parar, se sentía lleno de una fuerza especial. Era como si con la ayuda de su corazón pudiera proyectar toda la fuerza de su especie contenida en la parte inferior de su abdomen y extenderla o difuminarla ampliamente hacia zonas que nunca antes otras luciérnagas habían descubierto.
¿Sabes? Yo pienso que algunas de esas estrellas están muy cerca de nosotros, incluso pudiera ser que estén aquí dentro, y sólo necesitan que las dejemos salir. ¿No lo crees?
¿Qué más será necesario para proyectar con fuerza nuestra labor docente en este momento?
Quizás sea más sencillo de lo que parece, y así como Kunang logró hacer realidad su sueño, muy probablemente nosotros alcancemos no sólo a iluminar nuestro corazón que late por enseñar, sino también a hacer que nuestra luz sea tan brillante que podamos despejar la bruma de cualquier pantano, por densa que sea.
Volemos por las aulas esta noche y tomemos aquello que necesitamos para comenzar a hacer corta la distancia entre nuestros estudiantes y nosotros; que el polvo de las estrellas nos permita ver con claridad cómo estar tan cerca de nuestros alumnos que ellos mismos lo puedan sentir.
Por una enseñanza ONLINE cálida e integrativa.
El lunes compartiré un artículo con ese encabezado.
Tu amiga. Mtra. Nse. María Natividad Fernández Morfín
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